La Ciudadanía, de un Sujeto llamado Ciudadano.
La ciudadanía es un concepto, todavía insuficiente entendido y definido, sobre el
cual no existe una completa coincidencia entre quienes intervienen, tanto en su
discusión como en su desarrollo, este constituye uno de los ejes centrales sobre los
cuales se articula el ideario moderno: razón, libertad, autonomía. De igual manera,
sobre las condiciones necesarias para ejercer dicha ciudadanía, las dimensiones
que abarca, los contenidos que debería incluir, son también asuntos de interés, ya
que no solo es una cuestión de índole intelectual, por demás importante, sino que se
convierte en una situación de carácter vivencial y de implicaciones sociales.
Una de las dificultades para identificar y definir más precisamente la ciudadanía, no solo desde lo teórico o la reflexión, es que ella tiene su ethos en uno de los ámbitos desde el cual la persona se construye como sujeto político en la interacción con el otro: la vida cotidiana. La ciudadanía, ese espacio de la libertad política, civil, social y cultural, se encuentra en ocasiones coartado, limitado y restringido por diversas circunstancias y factores que van desde lo personal hasta los que tienen que ver con el Estado.
El concepto de ciudadanía hace parte de un constructo que moviliza diferentes tensiones y posiciones, siendo la más notable aquella que se refiere al ciudadano como poseedor de derechos civiles, políticos y sociales, cuyo garante principal es el Estado. Este postulado remite a posicionar la ciudadanía como expresión del ámbito político, en donde subyacen resistencias de órdenes económico, moral y jurídico, es así como se conforma la ciudadanía en la época moderna. A partir de las Revoluciones Liberal, Americana y Francesa, el término ciudadanía se desarrolla connotando el tipo de relación que el individuo tiene con el Estado dentro de los principios de igualdad y libertad.
Una propuesta
que se construye con
los aportes de
los pensadores de
la Revolución Liberal de
1688 (Locke), de la Revolución
Americana de 1776 (Franklin, Hamilton, Maison), y la Revolución Francesa
de 1786 (Montesquieu, Voltaire, Diderot, Condorcet y Rousseau). Se atribuye a
la Revolución Francesa, con la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano, la reivindicación de la igualdad
y la exigencia
de que exista congruencia
entre la
subjetividad de la persona y
la requerida por el
ciudadano.
En términos
modernos se concibe a la
persona como poseedora de derechos civiles y al
ciudad a no con derechos políticos conformándose una interrelación, en
que los derechos civiles son requeridos
para practicar los derechos políticos. Zapata Barrero (2001), afirma que en
este momento se construyen
las bases de la concepción moderna de ciudadanía con tres
aportes fundamentales que se
incorporan a la semántica del término: a) concepción igualitaria de la
naturaleza humana y reconocimiento de las distinciones entre estratos como
producto de las relaciones económicas, políticas y
sociales; b) relación
entre ciudadanía y
nacionalidad, y c) noción
de emancipación universal.
En este momento
la noción de ciudadanía
pierde la raíz aristotélica
que expresa privilegio, ampliándose
a todos los
estratos sociales y se
rescata la connotación fuerte que implica la participación de los
ciudadanos en la definición de las
leyes.
Los aportes antes definidos,
entre otros, llevan a consolidar la noción de ciudadanía, institucionalizada en
los Estados de bienestar. “la
ciudadanía comienza a
desvincularse de su dimensión
particularista cultural y a identificarse
con pertenencia a
una comunidad política amplia,
nacional, jurídicamente delimitada, constitutiva de la multiplicidad de
ciudades dependientes de un centro de poder” (Zapata, 2001,
p.25).
Si bien
para Marshall la
ciudadanía se entiende en un
sentido amplio, como condición de
quienes pertenecen a una
comunidad, dicha condición implica
igualdad de derechos
y de deberes para los ciudadanos
y denota participación. Uno de los principales méritos de este autor está
representado en la relación
que establece entre ciudadanía y clase
social, derivando de ello,
la caracterización de las
relaciones entre ciudadanía
y capitalismo (De Santos
2011, p. 297).
Reflexiones:
1.- ¿Qué valores de convivencia prácticas en Casa?, ¿Cuáles fundamentales?
2.- ¿Crees que en el grupo de tus amigos, practican valores?, en momento las manifiestan
3.- ¿En el aula se practican los valores?, ¿cuáles?
4.- ¿Y. tú que valores, es el centro de tu accionar cotidiano?
5.- ¿Qué valores recomendarías para mejorar el accionar cotidiano, de tus amigos?